Una de las decisiones que más influye en cómo se percibe un sitio es la tipografía, y sin embargo es la que más se descuida. Muchos proyectos cargan cuatro o cinco fuentes distintas sin una razón clara, y el resultado es una página lenta y visualmente cansada.
Una regla sencilla funciona casi siempre: una fuente para los títulos y otra para el texto corrido, o incluso una sola familia con varios pesos. Cuida el tamaño base, que no baje de 16 píxeles, y una altura de línea cercana a 1.6 para que los párrafos respiren.
Por último, piensa en el rendimiento. Cada fuente web es una descarga extra, así que limita los pesos que usas y define siempre una pila de respaldo con fuentes del sistema. Un sitio que se lee bien desde el primer instante vale más que uno con una tipografía llamativa que tarda en aparecer.